Alina R. Pérez Menéndez

MUSEO DE HISTORIA DE LAS CIENCIAS “CARLOS J. FINLAY”

La historia de la humanidad ha demostrado que el proceso evolutivo del ser humano ha estado íntimamente vinculado con el desarrollo científico-técnico y, por ende, el rigor con que las diferentes ciencias han evolucionado a través del tiempo ha contribuido también al progreso espiritual de los hombres y las mujeres a lo largo de su existencia. Es por ello que la ciencia se revela como un elemento importante para el desarrollo cultural, aunque en ocasiones se desdeña la influencia que las ideas científicas tienen en los cambios sociales y de hecho en los cambios culturales.

En nuestro mundo de hoy, y cada vez más en el de mañana, para dar solución a los problemas que se nos plantean, en cualquiera de las esferas de accionar del individuo, es necesario acudir a la investigación científica, porque los logros o descubrimientos que se alcanzan condicionan, en múltiples ocasiones, las ideas sociales. Nuevos talentos y una articulación permanente con las demás formas racionales de aproximación a la realidad son mecanismos necesarios para dar solución también a los procesos de carácter cultural.

El desarrollo espiritual de los seres humanos, como consecuencia de un mejoramiento progresivo en la calidad de vida lograda a lo largo de todo su desarrollo, ha posibilitado incrementar el trabajo artístico e intelectual, siendo imposible concebir el arte aislado de los fenómenos histórico-sociales y culturales, ni tampoco de los descubrimientos científicos, por lo que el papel de las ciencias en todo el decursar del desarrollo alcanzado por la humanidad está íntimamente relacionado con todos aquellos avances, concepciones y nuevas tendencias que han tenido las diferentes manifestaciones artísticas creadas por los individuos en su constante búsqueda expresiva.

En este análisis no podemos pasar por alto que el ser humano requiere de condiciones propicias para poder expresar de manera armónica sus potencialidades creativas, sus rasgos intelectuales, afectivos y conductuales, mediante su inserción en grupos sociales con los cuales comparte la mayor parte de su tiempo vital. Cuando mencionamos los aspectos relativos a la modernidad en la cultura y en el arte se hace evidente la necesaria vinculación de ésta con el rigor del pensamiento científico que la relaciona con las diferentes ramas de la sociología, la historia, la psicología, ciencias que estudian también los procesos concretos mediante los cuales se va conformando el gusto estético del individuo en cuestión.
Es precisamente en este medio armónico y sustentable, dinámico e interactivo donde el ser humano se realiza como tal (ligado a su colectivo, del cual se nutre) y se forma en aspectos relativos a la ética, la estética, la identidad y el apego a sus tradiciones. No basta por tanto con una educación cualificadamente superior pero individual; es necesario desarrollar una educación grupal que propicie los vínculos entre individuos, logrando así una participación creadora en beneficio del colectivo.

Importancia capital en este sentido tiene la función del conocimiento en el desarrollo de la sociedad: cómo llega al individuo; cómo éste procesa la información; por qué vías llega ésta y cuáles queremos que sean los resultados a alcanzar. Es en este sentido, entre las variadas formas de ampliar el campo visual del ser humano para su desarrollo integral, que los museos tiene un papel esencial.
En la actualidad se hace imprescindible que el museo se conciba como una institución que facilite el acercamiento entre los individuos y su entorno natural y cultural, para lo cual necesita proyectarse con una concepción tanto multidisciplinaria como interdisciplinaria, de forma tal que exponga, en sí mismo, la propia forma de vida del ser humano y de la sociedad en que se desarrolla. De esta manera sus funciones se pueden integrar consecuentemente con lo acontecido y lo porvenir y sus objetivos fundamentales serían la educación y la preservación del patrimonio cultural.
Se han dado pasos importantes en la función social del museo, por lo que el trabajo comunitario y las particularidades económicas, políticas, etnográficas, culturales, etc. de una zona específica comienzan a confluir y a potencializar las posibilidades de la comunidad en que se encuentra, sin que por ello nos limitemos a una visión regionalista o grupal.

En la Declaración de Caracas de 1992 se expresa la necesidad de que el museo se convierta en un instrumento eficaz para el fortalecimiento de la identidad cultural de nuestros pueblos y se enfatiza en que ésta sólo puede lograrse mediante la desmitificación de la tecnología, conjuntamente con una toma de consciencia de la preservación del medio ambiente donde el ser humano, la naturaleza y la cultura confluyen armónicamente en un todo indivisible.

Es por ello que no podemos aislar los museos de ciencias de la concepción integral de la función que por definición se tiene de un museo y, al igual que en las otras tipologías, debe mostrar la significación del papel de la ciencia y la tecnología (según su especialidad) a lo largo de la historia, así como la influencia que este desarrollo ha tenido en los ámbitos económico, social y cultural de la humanidad. Para ello el museo no puede convertirse en un instrumento pasivo de exposición sin lograr interactuar con el visitante sino que debe hacerle llegar de forma novedosa y amena los complejos procesos por los que el ser humano logró avances importantes o descubrimientos fabulosos.
A partir de estos criterios el museo de ciencia debe convertirse no sólo en un local donde se expongan objetos o documentos valiosos sino en un medio de intercambio dinámico en el cual se sumen nuevos conceptos y experiencias al conocimiento individual y colectivo, develando así inquietudes y aspiraciones, sobre todo en las edades más tempranas.

El museo de ciencia, por lo tanto, necesariamente tiene que convertirse en un centro de atracción, tanto para el individuo interesado especialmente como para la comunidad en que está enclavado, a partir del desarrollo de actividades donde no sólo se expone el pasado sino que se logra sentir el presente y proyectarse científicamente hacia el devenir. Variadas son las técnicas que se utilizan para la divulgación de la ciencia y la tecnología a partir de un objetivo central: la educación.
En Cuba existen siete museos de ciencia y tecnología, divididos en: ciencias médicas (2), transporte (3), bomberos (1) y aviación (1). También se cuenta con museos de otras tipologías como paleontología (1), arqueología (4), de sitio (1), etnografía (5) y de historia y ciencias naturales (8). A ello se añade que un número importante de los 169 museos municipales tiene salas de ciencias naturales, etnográficas, arqueológicas, etc.

Son múltiples las actividades que se realizan en ellos: charlas, conversatorios, talleres dirigidos a apoyar el proceso docente-educativo de los escolares en el nivel primario de enseñanza fundamentalmente. Pero también están las actividades de carácter científico-investigativas en las que participan profesionales y universitarios, porque el museo, de hecho, es un centro promotor de la cultura en general.
La totalidad de los museos en Cuba son centros que sirven también de práctica social a diferentes carreras universitarias durante el período de adiestramiento laboral de los estudiantes, propiciando una estrecha vinculación de éstos con la amplia gama de funciones que se desarrollan en estas instituciones.

Dentro del campo de la educación formal, los museos apoyan los programas de instrucción, fundamentalmente de la enseñanza primaria en temas relativos a la historia y las ciencias naturales. Escolares de centros aledaños participan activamente con sus maestros en visitas sistemáticas a las diferentes salas donde pueden apreciar objetivamente los conocimientos que de las diferentes asignaturas han recibido en sus aulas a través de un intercambio activo no sólo con los objetos sino también con los especialistas que laboran con ellos, documentos, instrumentos, equipos o especies animales y vegetales que se encuentran expuestos y que contribuyen a hacer tangibles los elementos teóricos recibidos en la escuela, apoyando de esta forma el proceso docente-didáctico.

En este sentido se hace esencial la relación museólogo-profesor-escolar. La vinculación museólogo-profesor facilita la captación del educando, sobre todo cuando existe un conocimiento recíproco de aquello que necesita el escolar y lo que puede brindar el museo, ya que de esta forma se mantiene y refuerza el interés del niño y se facilita la captación de los conocimientos que se le quieren hacer llegar. En la medida en que ambas instituciones, escuela y museo, sean capaces, a través de sus especialistas, de trasladar al niño mediante técnicas participativas el conocimiento y el deseo de conocer, la función educativa en la interrelación escuela-museo será óptima.

De igual forma se desarrollan, como parte de la educación no formal, cursos para la ampliación de los conocimientos adquiridos en la escuela como, en los casos del Museo de Historia de las Ciencias “Carlos J. Finlay” y el de Historia Natural, ambos enclavados en el Centro Histórico de La Habana Vieja. La propuesta, iniciada en colaboración con la ONG “Save the Children”, se concibe mediante la impartición de un curso sobre educación medioambiental a niños de cuarto y quinto grados de escuelas aledañas, en el cual se interesan en estos temas a escolares que viven en zonas urbanas y de esta forma se contribuye a ampliar las bases para una cultura ecológica en las nuevas generaciones. En este curso, a partir de proyectos de colaboración internacional, también se imparten conocimientos sobre la vida y obra de importantes científicos cubanos (médicos y naturalistas) y acontecimientos relevantes de la historia nacional vinculados con descubrimientos e investigaciones científico-técnicas, se abordan temas interesantes con relación a la flora y la fauna cubanas, las especies endémicas, el cuidado de la naturaleza, etc.

En este curso se utilizan medios didácticos como películas, documentales, retratos de importantes personajes cubanos o acontecimientos vinculados con el desarrollo de las ciencias en Cuba, pintados por reconocidos artistas nacionales de épocas anteriores; se organizan talleres donde los niños exponen los conocimientos adquiridos a través de charlas, conversatorios; y también se potencializan sus posibilidades artístico-creadoras vinculadas con la pintura, la literatura, etc., para de esta forma propiciar el desarrollo expresivo, intelectual y espiritual de los escolares en un estrecho vínculo del arte con la ciencia.

Otros museos también desarrollan actividades de este tipo e incluso, a partir de los conocimientos adquiridos, se han realizado experiencias novedosas como transformaciones de espacios inutilizados o en condiciones deplorables en áreas reforestadas, como es el caso del Museo Municipal de Güines.
Una vía no formal de educación, que también contribuye a la difusión de la ciencia entre los escolares, la constituyen los Círculos de Interés, actividades que se desarrollan en centros independientes a la escuela y entre los cuales tienen un lugar destacado los museos. Estas actividades están relacionadas con temáticas en las que se insertan aquellos estudiantes con una vocación particular hacia los temas que se tratan y que pueden estar vinculados con la conservación, la museología, las ciencias naturales, el medioambiente, la arqueología, la historia, etc.

Son fuertes y estrechos los vínculos entre las diferentes instancias de dirección del Ministerio de Educación y el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, que tiene bajo su responsabilidad la asesoría metodológica de todos los museos del país; en este sentido se destaca el trabajo mancomunado de los museos municipales, provinciales y los especializados con las escuelas, tanto en lo que se refiere a vías formales de educación como a no formales e informales. De igual forma se desarrollan convenios de trabajo con el Ministerio de Educación Superior en función de establecer nexos de interés recíproco como son la impartición de clases en las salas expositivas, la realización de trabajos de curso relacionados con los temas que definen tipológicamente al museo o con aspectos íntimamente relacionados con sus colecciones.

De centros de investigaciones científicas y/o tecnológicas importantes del país reciben también los museos de ciencia y tecnología apoyo y asesoramiento, tanto en la donación de equipos o instrumentos para el enriquecimiento de sus colecciones como en aspectos temáticos referenciales para la elaboración de las conferencias, charlas o conversatorios que se ofrecen en los museos.

En cuanto a las vías de educación informales, se utilizan variantes para los diferentes grupos etáreos. Entre ellas se tienen concursos, juegos didácticos, excursiones a sitos históricos y naturales, conversatorios sobre temas de interés en educación sexual, familia, problemas conductuales en adolescentes y jóvenes, charlas contra el hábito de fumar y la adición al alcoholismo, etc. También se organizan grupos donde a partir de las artes escénicas (obras teatrales, canciones y otras manifestaciones) se tratan temas relacionados con figuras importantes de la historia nacional, acontecimientos y/o hechos relevantes, así como la significación del patrimonio cultural de la nación.
En sentido general, las instituciones museísticas en Cuba son básicamente instrumentos donde la ciencia y el arte confluyen armónicamente para satisfacer las necesidades que impone la cultura, en su concepción más amplia, y su trabajo en los tiempos actuales se afianza sobre la base de métodos educativos que contribuyen significativamente a la elevación del nivel cultural de la población que lo visita. La Dra. Marta Arjona, Presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, afirmó en el Coloquio sobre Museos y Educación, celebrado en Guadalajara, México, en marzo de 1986:
“…desarrollar de modo masivo los métodos de educación integral que formen a las nuevas generaciones con propiedades más analíticas, más conscientes, más educadas, en fin, para comprender y solucionar los fenómenos sociales de su época en función de una mejor vida que debe alcanzar a todos los hombres” (Arjona, 1986).

Es por ello que los museos en Cuba están encaminados a formar valores éticos, estéticos y patrióticos, a enriquecer el acervo científico y cultural de sus visitantes, a hacer confluir la belleza del arte con la racionalidad de la ciencia en un contexto donde el individuo sea capaz de apreciar su mundo, su comunidad y su historia y sentirse, a la vez que fruto, participante activo en un proceso de identificación plena con su medio, con su accionar en favor del patrimonio local, nacional y universal que nos hace saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia donde queremos ir.

Literatura citada:

ARJONA, M. 1986. Patrimonio e identidad. La Habana, Letras Cubanas.
1. Esta ponencia fue presentada en la Mesa Redonda Museos y Escuelas del Coloquio-taller Educación activa de la ciencia: formal, no formal e informal, realizado en San José de Costa Rica del 5 al 7 de abril de 2001.

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